lunes, 24 de noviembre de 2014

Una pequeña parte de mí.

Ha pasado mucho tiempo desde que no mantenemos una buena conversación. Tú y yo, ¿te acuerdas? Como en los viejos tiempos. Sí, sí, de esas en las que si no éramos tú o yo, por mucho que leyeras y releyeras los mensajes no te enterabas de nada. Joder, ¿y esas charlas? Dios, esas charlas en las que hablábamos de nosotros en tercera persona, cuando nos hacíamos los tontos pensando que el otro no lo sabía. Bueno, y las cosas raras aquellas que tú decías ya ni te cuento. Y tu indecisión, y mi desesperación. ¿Y cuando yo te dejaba de hablar, y venías tú y me hablabas por el sitio menos esperado? Sí, ya, sé lo que pensarán los que lean esto, que todo fue mentira. Y que coño, yo también lo pienso. Sé que tú no vas a leer esto nunca. Y que por mucho que grite que eres tú, tú, tú y nadie más, no me vas a oír. En vez de eso, me quedaré estancada en nuestra partida de ajedrez inacabada. La única que, sin haber acabado, siento que perdí. Se me acaba el tiempo, y tú y yo somos como... desconocidos, sí. La expresión "correr un tupido velo" se queda corta en este momento. Nosotros hemos tapado el tema con una manta, y una colcha, y con el telón entero. Función acabada. Gracias por asistir, y esperemos que lo hayan disfrutado. Y la última protagonista soy yo, la última actriz y ahora espectadora, que no puede levantarse de la butaca, hipnotizada en el bucle, viendo y recordando la misma función todos los días.