sábado, 24 de enero de 2015

Los desencantos de Dan (VIII)

21-3-13
Hoy hemos tenido un examen sorpresa de lengua, y me ha salido genial. Últimamente estoy sacando muy buenas notas (¡chúpate esa, profesora!). Por desgracia, parece que a Matt no le ha salido tan bien. Si es que ya le he dicho yo que tantos videojuegos son muy malos... ¡ah sí, me ha invitado a su casa para jugar a la Xbox! Me siento eufórica. Luego escribo, que me voy a comer.

Estoy destrozada. Estaba en casa de Matt pasándomelo en bomba mientras jugaba a la consola cuando me han llamado. Era mi madre. JAMES HABÍA TENIDO UN ACCIDENTE. Cuando he colgado, estaba llorando. Matt me miraba alarmado y me ha preguntado qué pasaba, y se lo he explicado como he podido. Hemos salido de casa rápidamente para ir a la estación y coger el próximo tren a Regina. Cuando ya estábamos montados he llamado a mi padre para explicárselo todo, y me ha dado permiso para pasar la noche con mamá.

He entrado corriendo al hospital, en busca de la madre de James. Cuando la he encontrado me ha dicho que él estaba bien, que solo ha sido un susto. Resulta que un coche iba más rápido de lo permitido y le ha golpeado. Nada grave, solo un esguince. Mi madre ha exagerado, como siempre. He suspirado, aliviada, y le he preguntado si podía ir a verlo. Su madre me ha dicho que sí, y le he pedido a Matt que me esperara fuera.
James ha sonreído al verme. Yo tenía los ojos llorosos. Me he acercado a él. Él me miraba sin decir nada, esperando a que hablara. Solo se me ha ocurrido llorar. Lloraba por el susto que había tenido y lloraba de alegría porque él estaba bien. Lloraba porque mientras venía en el tren, un pensamiento me ha atravesado la mente: ¿y si se muere? Y entonces he roto a llorar. Por un momento he sentido un miedo terrible. No quiero que se muera. Con estos pensamientos en la cabeza, le he abrazado. Él me ha estrechado fuertemente. La conversación que hemos mantenido ha sido más o menos así:
-Dan, estoy bien.
-Lo sé... lo sé, pero me he asustado.
-Entiendo.
-No quiero que te mueras, James.
-No me voy a morir.
-Ya, pues no dejes que te vuelvan a atropellar.
 Él se ha reído, y al final yo también me he acabado riendo. Hemos hablado de un montón de cosas, de qué queremos ser de mayores, de nuestros planes, de las tonterías que se nos ocurren a lo largo del día. No quería dejar de hablar. No me quería ir de allí.
Por desgracia, ha entrado mi madre en la habitación, seguida de Penny. Han saludado a James y le han preguntado que cómo estaba, y yo me he apartado un poco para dejarles conversar. En el vano de la puerta estaba Matt, sonriéndome de medio lado. Me he acercado a él y le he contado que James estaba bien.
Me ha abrazado. En otras circunstancias podría haber saltado de felicidad, pero en aquel momento solo podía pensar en James. Me he separado de él suavemente y sin querer, me he girado para mirarle. Él nos estaba mirando fijamente, para mi sorpresa. Parecía serio, pero no ha dicho nada. Al cabo de un rato nos hemos ido del hospital, no sin antes despedirnos de James y de su madre.
Una vez en casa, me he puesto el pijama y me he lavado los dientes, deseosa de irme a dormir. Cuando me he acostado en la cama, he roto a llorar de nuevo. Ni yo me entiendo. Supongo que desearía haber estado más tiempo en el hospital.
Voy a intentar dormir de nuevo.

22-3-13
Ya es viernes, y claro que me voy a quedar en Regina. Ni de loca vuelvo a casa sabiendo que James sigue en el hospital. Me voy a preparar para salir e ir directamente al hospital. No voy a despertar a Matt, el pobre debería descansar. Ayer fue un día lleno de emociones contradictorias.

Al llegar al hospital me he encontrado con el que parecía ser el padre de James: un hombre serio y elegante, nada parecido a su hijo, que resalta más por su estilo rebelde y friki, Le he saludado y he pedido permiso para entrar a la habitación de James. Con una sonrisa, me ha dejado pasar.
Cuando he entrado, él estaba todavía durmiendo. Normal, era muy temprano. Me he acercado a su cama y me he sentado en una silla que había. Tengo que admitir que cuando duerme se ve más guapo.
James me ha pillado mirándole cuando se ha despertado. Tengo que admitir que me he avergonzado de mí misma. Nuestra conversación ha sido más o menos así:
-¿Qué? ¿Tan guapo te parezco que te quedas empanada mirándome?
-No flipes, solo estás un poquito mono... cuando duermes.
-Uoooh, gracias.
Después los dos hemos soltado un par de carcajadas. Hemos hablado bastante de cosas sin importancia, hasta que James me ha advertido que ya eran las dos del mediodía y que tal vez mi madre me estuviera esperando. Para ser sincera, no tenía nada de ganas de irme, pero haciendo apego de mi sensatez he decidido que lo mejor sería despedirme y volver por la tarde. Me he levantado para dirigirme a la puerta cuando él me ha llamado. Al girarme, James estaba de pie apoyado en las muletas y se acercaba a mí. Yo, preocupada, no he dejado que diera un paso más y he cruzado el espacio que quedaba entre nosotros. Le he preguntado que porqué se ha levantado y su respuesta ha sido esta:
-No nos hemos despedido decentemente.
Y mi respuesta ha sido esta otra:
-¿Y cómo se supone que debemos despedirnos? Siempre nos despedimos así.
Y entonces:
-Pues ya no. Nunca más.
Sin darme tiempo a replicar, ha tirado las muletas en la cama y me ha abrazado fuertemente. Casi al instante, una enorme sonrisa se ha dibujado en mi rostro y mi corazón ha empezado a latir desenfrenadamente. Era la primera vez que me sentía así con él, pero en ese momento solo podía pensar en lo mucho que me gustaba ese contacto y, sin pensármelo dos veces, le he abrazado yo también. El momento estaba siendo perfecto, hasta que la puerta se ha abierto y Matt ha entrado en la habitación.

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